Tren

Las bocinas del tren llaman lo lejos, dando la bienvenida a un nuevo paso en la vida de Juan. Es un día ligeramente nublado, donde el viento juega con el pelo de las personas y se lleva algún que otro periódico olvidado en una banqueta. La estación de tren muestra que, tras el paso de los años, aun puede mantener esa simpleza característica de otras épocas. Juan agradeció que la tecnología y los nuevos diseños no llegasen a ciertos lugares.

El tren llegó a la plataforma y varias personas intentaban subir lo más rápido posible para poder conseguir un buen asiento. Juan, en cambio, se quedó parado mirando la entrada mientras sentía que las piernas le pesaban una tonelada. Tenía miedo.

Su vida empezó a pasar por sus ojos, recordando los buenos momentos que tuvo en su ciudad (no tan grande como una capital, no tan chico como un pueblo): sus amigos, su familia, su primer amor… Por un instante pensó en dar media vuelta y volver a su casa. Pero su casa no era lo que sus pensamientos dibujaban; pues cuando uno tiene miedo la mente puede hacernos jugadas peligrosas.

No tenía nada por qué defender allí.

Todo le había sido arrebatado.

Lo único que encontraba, cada vez que salía de su casa, era como el lugar tanto amaba se iba deteriorando para dar lugar sólo al paisaje que algunos ancianos intentaban dibujar. Un paisaje respetuoso, sabio, pero triste.

Llenó sus pulmones de coraje, levantó su bolso (que bien podría haber sido una mochila por la cantidad de cosas que llevaba) y subió la escalera. Adentro del tren estaba ligeramente vacío, con algunos asientos ocupados por personas sumergidas en sus pensamientos.

Sin hacer mucho ruido, encontró un lugar apropiado, puso bolso en el asiento contiguo, y se sentó en el otro que daba hacia la ventana. Se quedó mirándola fijamente. Miraba a la nada, o tal vez miraba a todo.

El cielo empezaba a regalar algunas gotas que iban golpeando la ventana que Juan miraba. Se sentía triste, con ganas de llorar y de golpear todo lo que tuviese alrededor: “¿por qué tuvo que ser así?”, “¿qué pasó?”, “no entiendo nada” y otras más eran las frases que aparecían por sus pensamientos.

El tren emitió un sonido avisando su partida. Lentamente, ese gran vehículo transportadora de sueños iban moviéndose, y Juan, curiosamente, se sitió relajado.

Miró por última vez la estación que estaba dejando atrás, y una lágrima empezó a caer por su mejilla. Movió su cabeza hacia delante y la apoyó contra su asiento, y sus parpados le comenzaron a pesar.

Y cerró sus ojos. Para la persona de al lado seguro pensaría que sólo quería descansar, pero Juan sabía que estaba cerrando un capitulo en su vida.

Imágen | DeviantArt

 
 
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