Guerrero

Con una espada atravesada en su corazón, el lacónico guerrero caminaba en un yermo que no escuchaba sus plegarias.

Con paso firme iba sobre la resbaladiza arena, mientras la herida en su corazón regalaba un poco de vitalidad a un mundo que no le importaba lo que a él le pasase.

Miró al ocaso sin luz, al agua sin reflejo, y al cielo sin forma.

El camino que dejaba tras su paso cada vez se hacía más irrastreable, aunque él esperaba que pudiesen saber que le había pasado al guerrero sin luz por los pedazos de su cuerpo que dejaba en el pasado.

Famélico, con el resto de su vitalidad depositada en un frasco, llego a donde el mundo escuchaba el silencio; donde no sentía el llanto.

Elevo su brazo con el último suspiro de sus ojos y entrego el frasco a quien fuera responsable de él.

Quedó quieto por minutos.

Las piernas le dolían.

Pero por suerte alguien esperaba por él.

Ya no sentía las piernas.

Ni la espada.

Sólo veía elevarse dentro de una burbuja que le mostraba todo su recorrido.

Ya no sentía miedo.

Ya veía la luz en el ocaso.

Fuente de Imágen | Deviantart

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