Estrellas

Caminó lentamente hacia el pequeño arroyo que formaban las piedras cerca del mar. Se escuchaba el chapoteo de sus delicados pies, y el final de su carmesí vestido se iba mojando con la poca agua que fluía entre las piedras. Era un frio día en ocaso, el sol se iba escondiendo tímidamente por el horizonte y silencio copada los oídos de los animales que buscaban refugio del anochecer.

Ella iba con los ojos cerrados, sintiendo el fresco aire de mar rosando su delicada piel. Su belleza dejaba en vilo a todos los hombres que lograban verla por sólo un instante, que soñaban con ella y deseaban poder volver a presenciarla. Tenía un cuerpo fino y delicado, y su pelo formaban bucles que se movían en conjunto con el toque de la naturaleza, y en sus manos se alojaba un pequeño haz de luz que ella sostenía como si no se diera cuenta.

Fue caminando hasta un centro con agua rodeado por las rocas, tomó una bocanada grande de aire para llenar sus pulmones de vida, y lo expulsó lentamente, como si por cada segundo que lo hiciera eliminara sus preocupaciones. Abrió sus ojos y dejó libre unos penetrantes ojos celestes como el zafiro, que miraban al cielo que empezaba a formar estrellas.

Bajó la cabeza lentamente, puso sus manos con la palma hacia arriba y cerró los ojos. Se escuchaba como el viento se empezaba mover. Una estela venía desde el cielo para pasar por sus manos. Abrió los ojos y pudo apreciar cómo cristales de color blanco empezaban a pasar por ese camino que el viento iba formando. Ella era especial, ella podía ver lo que las estrellas podían contar sin necesidad de preguntarles. Intuía, apreciaba, y sonreía.

Súbitamente, el camino de estrellas dejó de fluir para luego moverse hacia arriba, ella siguió el recorrido de la estela que se iba desapareciendo de sus manos. Sintió una pesada desdicha , sentía como que estaba perdiendo algo , y que su esperanza se desvanecía a cada cristal que veía escapar. Dejó escapar una lágrima de sus acristalados ojos, pero eso era lo que había elegido, eso era su trabajo en el mundo de los mortales. Su belleza solo servía de cebo para arrebatar las frustraciones de las personas para luego cargar con ellas. Las estrellas solo se llevaban los recuerdos de un amigo caído, el sueño de un campesino pobre, los deseos de amor de un par de jóvenes, los abrazos dados por dos ancianos… todo eso serviría de alimento a las estrellas para iluminar las almas y sueños de los mortales.

Su vida eterna tenía un precio, su delicado cuerpo no era gratis, pero su mente sentía el peso de la carga; el peso de las frustraciones. No sabía por cuanto podría seguir, pero ella aprovecharía cada imagen positiva para alimentar sus fuerzas, porque era feliz, porque sabía que era importante en el mundo, aunque nadie supiese de su existencia más que algunos hombres que si lo merecieren.

Fuente de Imágen | Elfwood

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