Pieza

Pieza

Su ignorancia blandía su espada, su miedo teñía los pastizales de rojo, y su conciencia… su conciencia estaba refugiada detrás de su escudo esperando, sin importar el final, que todo terminase y poder, de una vez por todas, dormir tranquilamente.

Creía que tenía honor, pero simplemente era una pieza en el juego de alguien que tenía una buena voz o una mano hábil. Sólo servía para llenar los deseos de grandeza de una persona protegida por muros y leyes.

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Soldado

Soldado

Un radiante sol de otoño golpeaba un acantilado cubierto por una fina pero voluminosa capa de césped que, con la vista hacia el mar, daba un espectáculo que pocos podían imaginar. Allí estaba un joven soldado que volvía de su viaje, junto con su pequeña hija que corría cerca de él con un entusiasmo que habría contagiado a cualquiera que estuviese triste. Es una lástima que perdamos, a medida que crecemos, la vitalidad de los niños y esa capacidad de disfrutar de las pequeñas cosas.

El soldado caminaba como si no tuviese ningún tipo de apuro, y de hecho no lo tenía. Estando tanto tiempo lejos de sus seres amados le enseño a aprovechar cada momento que tuviese con ellos como si fuera el ultimo.

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Guerrero

Guerrero

Con una espada atravesada en su corazón, el lacónico guerrero caminaba en un yermo que no escuchaba sus plegarias.

Con paso firme iba sobre la resbaladiza arena, mientras la herida en su corazón regalaba un poco de vitalidad a un mundo que no le importaba lo que a él le pasase.

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Guardia

Guardia

Labrado en acero y armas, el cansado guardia se sentó en un asiento de madera cobijado por la sombra de un caluroso día. Llevar el equipo de trabajo bajo el calor del sol era lo peor, así que se quitó el casco, y sintió como aires renovados pasaban por su mojada cara. Cerró los ojos para respirar pausadamente.

Cuando los abrió, vio delante de sí una pequeña niña en harapos. Nunca la había visto, pero al parecer solo era una jovencita que vivía en la calle. Sus ojos era negros y profundos, sus cabellos aunque enmarañados mostraban un color castaño que resaltaba bajo la luz del día, y su contextura era algo rellenita para vivir en la calle. El guardia la miró fijamente, no era la primera ni la única niña golpeada por la vida que veía.

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Tren

Tren

Las bocinas del tren llaman lo lejos, dando la bienvenida a un nuevo paso en la vida de Juan. Es un día ligeramente nublado, donde el viento juega con el pelo de las personas y se lleva algún que otro periódico olvidado en una banqueta. La estación de tren muestra que, tras el paso de los años, aun puede mantener esa simpleza característica de otras épocas. Juan agradeció que la tecnología y los nuevos diseños no llegasen a ciertos lugares.

El tren llegó a la plataforma y varias personas intentaban subir lo más rápido posible para poder conseguir un buen asiento. Juan, en cambio, se quedó parado mirando la entrada mientras sentía que las piernas le pesaban una tonelada. Tenía miedo.

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Recuerdos

Recuerdos

Dicen que la historia la cuenta los ganadores, pero tras 50 años de pensarlo, Galruk todavía seguía cuestionándose: ¿La escriben los que cumplen con su misión o los que sobreviven? ¿La historia justificaría sus actos? ¿Qué habría hecho cualquiera si le hubiese pasado lo mismo? Esas y otras preguntas quedaban en el aire mientras la vela se consumía, hasta que esta terminase y Galruk quedase alumbrado por el vacío de sus hojas de papel.

Galruk tenía un deber, su mejor amigo le había dicho que debía plasmar su historia para enseñanza de otros, pero él no se sentía que tuviese algo para enseñar. A cada palabra que intentaba escribir solo veía, amargamente, como sus resentimientos y culpa le generaban cólera. Esa no era la enseñanza que quería dar.

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Estrellas

Caminó lentamente hacia el pequeño arroyo que formaban las piedras cerca del mar. Se escuchaba el chapoteo de sus delicados pies y el final de su carmesí vestido se iba mojando con la poca agua que fluía entre las piedras. Era un frio día en ocaso, el sol se iba escondiendo tímidamente por el horizonte y silencio copada los oídos de los animales que buscaban refugio del anochecer.

Ella iba con los ojos cerrados, sintiendo el fresco aire de mar rosando su delicada piel. Su belleza dejaba en vilo a todos los hombres que lograban verla por solo un instante, que soñaban con ella y deseaban poder volver a presenciarla. Tenía un cuerpo fino, una cadera voluptuosa y unos pechos que bien podrían haberse confundido por las de una quinceañera. Sus pelos formaban bucles que se movían en conjunto con el toque de la naturaleza, y en sus manos se alojaba un pequeño haz de luz que ella sostenía como si no se diera cuenta.

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